cuando hay inspiración...

"...miss. Geishy?"
Este nombre es el secreto de una Gala... un buen ejemplo de cómo una metedura de pata puede desembocar en una buena idea y convertirse de repente en un error muy original...

Gracias...
por detenerte y disfrutar de lo que hago...

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Pizarra reflexiva: hoy toca amor...


Lo mejor de la vida es encontrar a alguien que conoce tus defectos y debilidades…
y aún así… 
continúa creyendo que eres increíble.
(Happy Little Girl)


A Iratxe y Héctor esto mismo les ha pasado.
Se encontraron, se conocieron… y después de 17 años siguen creyendo el uno del otro que son increíbles. 

Por eso ha llegado el momento de celebrar lo que sienten el uno por el otro con todos los que les quieren.

Felicidades pareja! Que disfrutéis de vuestro día y que sean muchos más…
(N&N tus compañeras de la Pizarra Reflexiva)







A Eva le gustan los colores...


A Eva le gustan las labores, las labores de colores, 
el patchwork y el ganchillo, las telas, las lanas y los hilos, pintar y decorar. 

A Eva les gustan los niños, los niños de colores… 
Los altos y los bajos, los rubios y los castaños, los de aquí y los de allá, 
blanquitos, negritos, latinos y chinitos …. Qué más da? 

A Eva les gutan los colores… 
Si tuviera que quedarse con uno, sería primero el amarillo 
No sabe por qué… quizás sea el brillo…? 
El rosa le encanta porque es tierno, pacífico y el color del amor… 
El naranja le gusta porque le recuerda al sol… 
Y el verde? 
El verde lo necesita oler, tocar y respirar, 
en el campo, en la calle y en en el patio de su casa que es particular… 

A Eva le gustan las flores, las flores de colores, 
las que le hacen sonreir cuando las mira y las que alegran su cocina cada día. 

A Eva no le gustan las tics… 
Aunque sabe que sin ellas este mensajito no podría recibir. 

Eva… ¿te gustan?


gracias por ser mi amiga fiel de labores





Una soleada mañana de septiembre...


 











Te presento a  Julia, aunque todo el mundo la conoce como Julieta….

A sus 33 años acaba de confesar que necesita un cambio en su vida. Hacía tiempo que le rondaba por la cabeza la idea de cambiar de aires, irse a otro país y apostar por lo que realmente le hacía feliz en donde nadie le dijera cómo tenía que hacerlo.

Una soleada mañana de septiembre, después de dar 150 vueltas en la cama pensando y repensando, imaginando y soñando cómo podría ser su vida ideal… decidió que iría a Londres.  No sería la primera vez que Julieta pisaría esta ciudad. 

Cuando Julieta cumplió los 18 no sabía cuál era el rumbo que debía tomar su vida y decidió darse un tiempo y pensar.  Aunque era la primera vez que volaba del nido familiar, no se le hizo dura la nueva vida al otro lado del charco en donde se hablaba una lengua que para nada era como a ella se la habían enseñado. Trabajó de camarera en varios restaurantes, aprendió inglés e hizo buenas amistades. El problema es que después de dos años por las inglaterras, cumplió los 20 y todavía no había decidido qué haría con su vida.

Qué horror la indecisión de Julieta, cuántas noches sin dormir, comeduras de tarro y discusiones con los suyos…

Sin embargo, abrumada ella misma por la decisión tan firme de aquella mañana de septiembre, algo le decía que aquel paso que estaba a punto de dar lo recordaría toda la vida.

Hizo las maletas y se fue. Por supuesto no olvidó sus hunters y su paraguas, pues ya sabía que el tiempo en Inglaterra puede ser de todos los colores a lo largo del mismo día…

Cuando llegó a Heathrow llamó a su amiga Vicky, aquella con la que tan buenos momentos había compartido cuando viajó a Londres primera vez . Vicky y Julieta habían sido buenas amigas, amigas de verdad… todavía mantenían el contacto aunque las últimas semanas Vicky había estado más ausente…

Julieta le llamó una, dos y tres veces… pero ésta no respondía… qué extraño…!

No le importó, por primera vez en su vida, Julieta estaba decidida a no tropezarse con más piedras en su camino. 











Ella es Victoria, aunque todos la conocen como Vicky. 

De normal vive en Londres y regenta un pequeño café francés… sí, francés. Vicky es de esas mujeres tan enamorada de La France, París, los cuadros Vichy y Amelie, que es capaz de enamorarse del hombre más feo del mundo sólo porque habla francés. Se puede decir que era feliz en su pequeño café pero…. A Vicky le faltaba algo.

Un día, un hombre no muy alto, con pelo desaliñado, gafas y con una guitarra a sus espaldas aparcó la bicicleta y entró en el café de Vicky. Fue verlo y acelerarse el corazón “es Francés seguro” se dijo así misma, retocándose la melena y mordiéndose el labio inferior. 

Respiró hondo y se acercó decidida al supuesto francés 
“Bonjour, qu'est ce que vous voulez?” 
y a partir de allí surgió un amor de lo más apasionado.

Tras unos meses de revolotear la pareja a caballo entre sus dos ciudades, Vicky empezó a necesitar afianzar su relación.

Una soleada mañana de septiembre, después de dar 150 vueltas en la cama pensando y repensando, imaginando y soñando cómo podría ser su vida en París… decidió que dejaría Londres para afianzar su relación en la ciudad que siempre tanto le había apasionado.

Esa mañana colgó el cartel de “cerrado por vacaciones indefinidas” en su pequeño café, hizo las maletas y se presentó en la ciudad del amor. Más exactamente en la casa de Lionel (que así se llamaba el francés).

Sin embargo, la dirección que éste le había dado no había manera de encontrarla…  Vicky no se lo podía creer…¿le había estado engañando Lionel durante estos meses…? Necesitaba hablar con alguien…. quizás con…

“Si?”
“Julieta…”
“Vicky!!!???”
“¡¡qué alegría oírte!!” dijeron las dos amigas a la vez… una soleada mañana de septiembre.





Los cactus de la duda



Érase una vez una chica enamorada de su gabardina de entretiempo.
Era ésta una prenda para ella de gran valor. 
Negra, de tres cuartos, con fruncidos en los hombros y cuello alto.
Cuando la compró hace ya unos 5 años,
 no pagó un gran dineral, pero eso nunca le importó,
era una prenda básica en el armario hasta que un día....

.... la gabardina se perdió....

Fué durante las fiestas del pueblo, tras dejarla en la esquina de un bar, 
la dueña nunca más la vió...

Al día siguiente, fue a preguntar por ella al bar del pueblo, 
pero la camarera decía una y otra vez que "no". 
La chica estaba segura de que la camarera vió su gabardina, le gustó y de ella se apropió...

"En plena primavera ¿sin mi gabardina... qué haré yo?"
se lamentaba la pobre chica sin parar...
jamás encontraría una del mismo estilo y que le hiciera semejante función.

Pero de repente recordó...
que precisamente su jefa, había llevado una gabardina exactamente igual. 
Sin embargo, no debía ser para ella tan imprescindible, deducía por lo poco que la solía utilizar...

La chica se armó de valor y tras mucho dudar, lanzó la pregunta a su jefa.
Tenía poco que perder y mucho que ganar. 
Le planteó la pregunta con delicadeza y le ofreció el mismo dinero que en su día debió pagar e incluso dispuesta estaba a aumentar.

Sin embargo, la jefa, estilosa hasta en el hablar, le pareció tan divertida la pregunta que decidió la gabardina regalar.
"No no... te la compro" insistía la chica, abrumada por semejante donación.

"si es que... en los últimos tres años... me la habré puesto dos veces...
seguramente con el tiempo, su destino sería terminar en una bolsa dirigida a la caridad..."

"Bueno, al menos... ¿me aceptas unos cactus de tela como compensación?"
"De acuerdo" dijo la jefa..

qué alegría!! qué ilusión!!

si tienes una duda, mucho que ganar y poco que perder
...por preguntar que no quede...
... la chica aprendió...

¡gracias Estefanía!







Cactus de primavera

Primavera, dónde estás?
me han dicho que venías
pero ya me canso de esperar...

por eso, 
como no tengo los colores que espero de ti
te enseño los míos para que aprendas de mi.

Te seguiré esperando...